CONSPIRACIÓN PERSONA: INTELIGENCIA ARTIFICIAL Y PROYECTO GRAN SIMIO

 Grupo Más de Misterio

CONSPIRACIÓN PERSONA: INTELIGENCIA ARTIFICIAL Y PROYECTO GRAN SIMIO

(MdM – 19/11/2017)

“Exigimos que la comunidad de los iguales se haga extensiva a todos los grandes simios: los seres humanos, los chimpancés, los gorilas y los orangutanes, para que en esta comunidad moral tengamos derecho a la vida, protección de la libertad individual y prohibición de la tortura.”Gorila

Éstas son las exigencias que reclaman los creadores del Proyecto Gran Simio desde 1993. A simple vista parece una bonita filosofía el que nuestros “primos simios” consigan estos derechos básicos, pero ¿te has parado a pensar lo que quiere decir realmente la “comunidad de los iguales”?

Para poder entenderlo vamos a asomarnos a un futuro en el que ya estarían aprobadas estas leyes al respecto:

“-Tranquila, Sara, ya estamos llegando al hospital.

El sanitario acaricia con ternura la mano de la enferma, quien ya está inconsciente debido al grave colapso cardíaco que ha sufrido. Él, aunque sabe que no puede oírle, le habla con toda la ternura posible para que su voz le infunda valor y tranquilidad. El ulular de la sirena y los vaivenes que desplazan ligeramente sus cuerpos durante la ruta son claros indicios de la velocidad a la que la ambulancia circula por las calles de la ciudad.

En ese mismo instante y muy cerca de allí, Raúl conduce con toda la destreza de que es capaz e intentando sobreponerse al ataque de nervios que tiene para llegar cuanto antes al hospital. En la parte de atrás viajan su mujer, Lucía, y Marta, quien ha perdido la consciencia después de un desmayo que fue precedido por unas aparatosas convulsiones. No han pensado ni siquiera en llamar a una ambulancia a pesar de la gravedad del ataque, porque saben que su seguro sanitario no se lo cubre. Oye a su mujer gritarle con la voz crispada desde atrás: “¡¡Ahí, ahí, aparca al lado de la ambulancia que está en la puerta de urgencias!!”

Raúl oye claramente explicar a los sanitarios de la ambulancia al lado de la que han parado, que la paciente a la que transportan está también inconsciente debido a un colapso cardíaco, pero a él lo que le duele en el alma es su hija Marta, a la que en aquel mismo instante está sacando en brazos del coche su mujer. Envuelta en una mantita rosa y con la cabeza y los brazos lánguidos, la madre aprieta amorosamente el pequeño cuerpecito de la niña que debería pesar los veinte kilos propios de su edad de seis años y no los catorce que pesa actualmente. La parálisis cerebral que sufre desde que nació es la que impide a Lucía desarrollarse con normalidad, además de no poder comunicarse como sería habitual en cualquier niño con sus padres ya que no habla. Aun así ellos sí que lo hacen con ella a la perfección ya que entienden los inconexos sonidos guturales que emite, además de interpretar perfectamente lo que sus vivos ojos de color verde les transmiten, llenos de ternura y ganas de vivir. Es toda una luchadora que se ha sobrepuesto desde que salió del vientre materno a todas las zancadillas que la vida le ha interpuesto sin piedad en su camino.

Los padres de Marta se admiran al entrar en el hospital de que un equipo médico les esté esperando a pesar de no haberles dado tiempo a llamar a nadie antes de salir. Con precipitación les explican los síntomas de la niña, y les ponen en antecedentes de su insuficiencia cardíaca congénita que se va agravando con la edad y debido a la cual los especialistas le auguraron una corta vida desde que nació.

El enfermero les mira sorprendido y dice:

-¿Seis años?.. ¿No era una adulta con una insuficiencia cardíaca?

Con la nota interrogante aún vibrando en el vestíbulo de urgencias entra la camilla de Sara con el personal sanitario de la ambulancia que comienzan a explicar con terminología médica muy precisa la situación de la paciente, también debatiéndose entre la vida y la muerte. En ese mismo instante los padres de Marta contemplan estupefactos a la otra paciente que parece estar inconsciente en la camilla. Sus largos brazos, sus manos y pies negros, su vientre abultado y su cuerpo cubierto por una espesa capa de pelo anaranjado… Es una orangutana.

Entonces Raúl lo entiende todo. Es Sara, la famosa orangutana que recibió el honor de ser el primer simio en serle reconocido el estatus legal de “persona no humana”. Sin poderlo evitar rememora ese día en que la noticia dio la vuelta al mundo. De eso hace ya más de veinte años y las cosas han cambiado mucho desde la equiparación de los derechos básicos de los simios con los de los humanos.

Los sanitarios desaparecen de repente corriendo tras la camilla por los pasillos del hospital, obviando de manera descarada a la pareja que lleva a su hija inconsciente. Una enfermera de recepción se acerca a ellos y escucha de nuevo sus explicaciones. Llaman a un médico de urgencias que les expone la situación: El cardiólogo del hospital y su equipo están interviniendo a otra paciente en estado muy grave. Nadie habla de la orangutana, pero todos saben que es ella la paciente. Entonces les propone como solución trasladar a la niña en ambulancia al hospital más cercano que está a dos horas de viaje o estabilizarla en ese mismo centro en espera de que el doctor termine de operar.

La madre de Marta mira a su marido con lágrimas en los ojos fruto de la impotencia, sin comprender lo que le están explicando, y le pregunta con un hilo de voz:

-¿Qué… qué ocurre? ¿Qué quiere decir este médico…? ¿Es que nos está diciendo que la vida de una orangutana es más importante que la de nuestra hOrangutánija…?”

 

La mayoría de vosotros pensaréis que Más de Misterio estamos exagerando con este ejemplo, pero no es tan descabellado que un animal pueda ser atendido en un hospital para humanos porque ya en el año 2015 se llevó a un gorila para hacerle un TAC en un hospital de Tenerife, según declaraciones del propio dueño del zoo donde residía, el Loro Parque de la isla.

Con este viaje al futuro os hemos querido poner en antecedentes de una de las cosas que nos podría llegar a ocurrir si estas leyes se llegasen a aprobar de la manera en que los que suscriben el Proyecto Gran Simio (P.G.S.) exigen.

Este asunto lo teníamos aparcado al creer que ya estaba superado por las corrientes animalistas actuales ya que acusan precisamente a este P.G.S. de espeicista, debido a que ellos mismos lo consideran profundamente antropocentrista al situar las fronteras de los derechos fundamentales en los grandes simios y no en todos los animales sintientes. Pero nos hemos percatado de que esta cuestión se ha vuelto a reactivar con más firmeza después de más de veinte años en estado latente, a pesar de la contradicción que supone para la visión del mundo de los animalistas, y además creemos que este fuerte rebrote tiene mucha relación con otra cuestión que está ahora mismo de plena actualidad: la Inteligencia artificial (I.A.).

¿Y por qué esta activación repentina del P.G.S. y su relación con la I.A.? Para cambiar el concepto filosófico del ser humano trascendente (que está más allá de lo natural o de los límites del conocimiento posible) modificando para poder conseguirlo el concepto legislativo depersona.

 

LA PERSONA: EL SER HUMANO Y SU MÁSCARA

El término persona proviene según se acepta mayoritariamente de la palabra griega “prósópon”, que son las máscaras que usaban los actores en el teatro y de ahí deriva la palabra latina “personare” que significa resonar o hacer eco. Estas máscaras tenían una doble función. Por un lado, cuando el actor cambiaba de personaje en escena se cambiaba la máscara para que el público reconociera al nuevo personaje y, por otro lado, tenían una función sonora para proyectar la voz. Nosotros creemos que esta última función es la importante ya que relaciona el concepto persona con el lenguaje humano, que es una de las razones por la que los hombres podemos hacer pactos para regular nuestras comunidades por medio de leyes, ya que el lenguaje humano, por mucho que los animalistas y etólogos se empeñen en equipararlo con la comunicación que tienen los animales entre los de su misma especie, es único. Y aquí podríamos echar mano para argumentarlo de las numerosas características fisiológicas y intelectuales que nos diferencian, por ejemplo, de los grandes simios, y que son las que nos permiten la fonación, además de una inteligencia propiamente humana, por no hablar de las creencias, únicas de los humanos.

ManiquíEl concepto filosófico de persona, ha ido cambiando con el tiempo, argumento éste al que se aferran todos los que están de acuerdo en que ahora es el momento de replantear un nuevo y drástico cambio en él.

Aunque ya el filósofo estoico Epicteto empezó a emplearla como un concepto filosófico, asociándola al papel o rol que desempeñábamos en la vida, el concepto de persona fue desarrollado como tal por la teología cristiana entre los siglos II al V para clarificar el estatus y relaciones entre la Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo, y de ahí se derivó el estudio de la personalidad humana a la que consideraban una creación divina. Posteriormente, todo lo relacionado con el ser humano se ocupó de desarrollarlo la antropología filosófica. De esa dificultad por definir lo que es estrictamente humano han derivado todas las definiciones de este término a lo largo del tiempo, que ya en el Concilio de Nicea (325) se advirtió del riesgo de modalismo que parecía conllevar el carácter aparente y no sustancial de la persona, entendida como personaje o máscara. O sea, que lo divino o, por derivación lo humano, fuesen en realidad unas sucesiones de momentos en los que se “representa” una función determinada pero no la sustancialidad completa de lo divino o lo humano.

De aquí creemos que derivan todos los problemas que nos acarrearán en un futuro la acepción de persona que se ha venido utilizando en la legislación y que nos representa al ser humano como una máscara y no como a un individuo humano, conjunto indisoluble de materia y espíritu. Es decir, nos hacen representar el papel de persona para poder legislar sobre nosotros ya que sobre el individuo humano no podrían hacerlo por ser una creación divina. Es por eso que en nuestra propia constitución se dirigen a nosotros con términos como: españoles, pueblo, ciudadano o persona, y jamás como Hombre o Mujer, salvo cuando se refieren al matrimonio o la sucesión a la corona, en los que no queda más opción que especificarlo, pero ojo, no como referencia al individuo, sino simplemente como aclaración del sexo de éste. Actualmente se tiende a igualar los conceptos de ser humano y persona en la vida diaria, aunque no sean para nada igualables desde el punto de vista filosófico, ya que el ser humano es la parte física, material que se puede relacionar con su ADN y la persona es todo lo demás que no se refiere a la parte material, aunque en realidad tampoco los filósofos se ponen muy de acuerdo en esto. Y nosotros tampoco estamos de acuerdo en que al ser humano se le considere en ciertos ámbitos sólo desde el punto de vista material, robándole su espiritualidad.

El concepto jurídico de persona también ha ido cambiando con el tiempo, baste recordar que en la antigüedad no eran considerados ciudadanos (término éste que se puede asimilar al de persona en sentido jurídico), por ejemplo, ni las mujeres ni los esclavos, y todos sabemos que actualmente hay también personas jurídicas que son agrupaciones como empresas o asociaciones. Muchos sacan siempre a relucir este argumento para que se incluyan en la “persona” a todo tipo de animales, entes tales como los extraterrestres y a los robots con inteligencia artificial. Nosotros no encontramos este argumento del cambio a lo largo de la historia una razón suficiente para que a día de hoy se le quiera dar a cualquier “ser” que se considere que tiene ciertas capacidades cognitivas, capacidades de autoconciencia, planificación a largo plazo y una cultura el estatus de persona, ya que éste, en el fondo, está inevitablemente unido al de ser humano desde siempre.

Actualmente, la persona en terminología jurídica es una acepción que se utiliza para definir quien puede ser sujeto derechos y obligaciones. Hasta que las corrientes de la escuela de Frankfurt vinieron a trastocar la esencia del humano, todos teníamos claro que quien hablaba de una persona se refería a un ser humano, o a una entidad empresarial o asociación, formada al fin y al cabo por seres humanos. Pero hemos llegado a un punto de inflexión en la historia de la humanidad en el que ya una persona no tiene por qué ser un individuo humano.

 

LAS OTRAS PERSONAS

1.- SIMIOS o PERSONAS NO HUMANAS: Estos primates salieron a la palestra junto con el P.G.S. en el año 1993 tal y como os hemos explicado al principio del artículo. Este proyecto defiende tres derechos básicos que no tienen otra manera de llevarse a la práctica nada más que equiparándolos con los de los seres humanos porque, ¿qué hacer con un gorila que asesine a un humano? ¿Y con un chimpancé que mate a otro chimpancé? Una vez metidos todos en el saco de las “personas” nos queda claro que se les aplicarán derechos, pero también deberes, y por lo tanto podrán estar sujetos a imputaciones de delitos. ¿Qué condena se le podrá poner a un simio si ni siquiera entiende nuestras leyes?

Éste es un tema muy peliagudo porque los animalistas siempre sacan a relucir cual arma arrojadiza a los deficientes mentales, los fetos y bebés o las personas en estado de coma. Argumentan ellos que en estos casos tampoco se entienden las leyes y en cambio a este grupo de humanos se les aplican las mismas. Lo que los animalistas no terminan de explicar bien es que hay una diferencia fundamental que jamás se puede pasar por alto: Son humanos.

Estamos de acuerdo en que este sector de la humanidad tiene unas características especiales, si se quiere se podría decir que arrastran un “defecto” que no les permite entender la ley. Es por esta misma peculiaridad por lo que están protegidos por ella, porque se debe hacer todo lo posible para ayudarles a vivir en una sociedad humana que, repetimos, ha creado las leyes por y para nosotros. Además, el hombre tiene otra peculiaridad más que le hace único: Sus “posibilidades de futuro”. El hombre, antropológicamente hablando, es un ser altamente indeterminado en su fisionomía e intelecto, lo que nos aboca a estar continuamente aprendiendo y cambiando el medio en el que vivimos para poder sobrevivir. Éste es uno de los factores que creen los expertos que ha desarrollado tanto nuestra inteligencia, esa precariedad física que tenemos comparados con cualquier animal que está mucho más especializado para vivir en su entorno. Y es por esa posibilidad de futuro en que poder mejorar nuestras capacidades intelectuales por la que se legisla para proteger a los desfavorecidos, porque les queremos garantizar que en ese futuro puedan desarrollar dentro de nuestra cultura todas sus capacidades humanas.

¿Cómo van a conseguir incluir a los simios en la categoría de las personas? Aquí nuestra amiga, la Ventana de Overton que ya os presentamos en nuestro artículo anterior (¿Conseguirán las mascotas cambiar nuestra alimentación? Animalismo y comida), lleva trabajando casi desde que Darwin dio con el quid de la evolución y nos hizo primos hermanos de los simios.

Desde casi el renacimiento se ha venido desvinculando la parte física del ser humano de su parte espiritual, hasta casi llegar a negar esta última en la actualidad de la mano de la ciencia, que busca cuál es el recoveco de nuestro cerebro donde se alberga la misma para así poder demostrar que sólo somos átomos. Esto es lo que ha aprovechado al máximo durante el s.XX la etología animal y la antropología, al estudiar los comportamientos animales y compararlos con los de un hombre desprovisto de su espíritu, para así poder hacer asimilable la idea de simio con la de humano. Total, si sólo somos átomos…

Todos hemos visto infinidad de documentales, películas o dibujos animados en los que los animales parecen más humanos que los propios humanos, sin ir más lejos la última producción de Hollywood del Planeta de los Simios, en los que los hombres salen perdiendo con la comparativa, y nos venden una imagen infantil y bondadosa de los animales, haciéndonos aparecer a toda la humanidad como infamemente cruenta. Esta imagen con que nuestra ventana nos viene adoctrinando desde hace tantos años ya ha dado sus frutos porque casi todos mostramos especial compasión por los simios, y por ende por cualquier animal no humano.

Además, ya se han conseguido unos triunfos legislativos sorprendentes en Argentina. En el año 2015 se le ha dado el estatus de “persona no humana” a la primera orangutana del planeta, Sandra. ¿Os acordáis de la historia del principio del artículo? Además en USA se han dirimido un par de causas para estudiar si se les aplicaba el Habeas Corpus a unos chimpancés de un zoo y poder así liberarlos. ¿Y en qué ha repercutido que Sandra sea considerada persona? Pues en que nosotros, los humanos, tenemos que garantizarle una serie de derechos. ¿Y los deberes de Sandra? Ah, que no entiende de leyes… Esto quiere decir que es inimputable por cualquier delito que cometa. Pero no queda ahí la cosa en Argentina. En 2016 a la chimpancé Cecilia se le concedió el Habeas Corpus y tuvo que ser liberada del zoo y trasladada a una reserva especial para primates en Brasil.Chimpancé

Quien se haya leído el libro del P.G.S. o acceda a su web, habrá podido comprobar que en reiteradas ocasiones hacen mención a que ellos defienden el derecho de cada simio como individuo y no como especie en conjunto. ¿Y esto, por qué es así? Porque de esta manera, tratándoles como individuos y desvinculándoles de su propia especie pueden asociarlos más fácilmente el concepto de persona y pueden legislar también para ellos.

Si admitimos que el concepto legislativo de persona es una especie de máscara sobre la que legislar, ¿qué nos impide poner también una máscara a un simio y meterle en el mismo saco de los hombres? Porque, no nos mintamos, eso de categorizar como “persona no humana” a todo animal que no es bípedo, o sea, a todos los que no son humanos, tiene una clara intención: confundir el término de persona y desligarlo del hombre.

¿Y por qué nos vamos a quedar en los simios? Al fin y al cabo, los cetáceos, los loros, los cuervos, los pulpos y hasta los cerdos y los perros tienen unas capacidades cognitivas que superan a las de, por ejemplo, los lagartos, los hipopótamos, las abejas, las jirafas o las zarigüellas… Este saco de “personas” está ya llenándose de muchos seres que no son humanos.

¿Y por qué quedarnos en los animales? Vamos un poco más allá.

2.- ROBOTS o PERSONAS ELECTRÓNICAS: Sí señores, tal y como lo están leyendo. En el saco de las “personas” aún caben más cosas no humanas.

En este sector de los robots y la Inteligencia Artificial nuestra ventana de Overton está trabajando a toda prisa. El parlamento europeo ya ha aprobado este mismo año una ley para empezar a legislar acerca de la robótica con el fin de intentar coger el toro de la llamada “cuarta revolución industrial” (4RI) por los cuernos antes de que nos atropelle. Aunque a nosotros nos parece que ya nos ha atropellado porque la primera ocurrencia que han tenido los legisladores es la de dar el estatus de personas electrónicas a todos aquellos robots o inteligencias artificiales que tengan ciertas capacidades cognitivas asimilables a los humanos.

Como excusa nos ponen que al hacerlos personas van a cotizar en la seguridad social para paliar el daño que causarán por las pérdidas masivas de puestos de trabajo que esta 4RI traerá consigo. ¿Pero cómo, que un robot va a poder darse de baja por enfermedad o cobrar el paro cuando le despidan? ¿Podrá también cobrar la jubilación cuando le retiren o directamente le echarán a un vertedero para reciclarlo? Ah, que esto sería asesinato… ¡Pues lo dicho, a cobrar jubilación, pues!

RobotNos podemos preguntar, casi con terror, ¿y si estas máquinas con inteligencia se vuelven locas, o inteligentes a su modo, y consideran que los humanos estamos de más en la tierra? No hay por qué preocuparse, no pasa nada, está todo previsto en esta novedosa legislación europea: El botón de la muerte… No es de risa, es el botón de la muerte para los robots. Cuando uno se vuelva loco sólo habrá que decirle: “¡Ven aquí, chato, que le voy a dar al botón de la muerte!” Ah, no… ¿No habíamos quedado en que eran “personas”? ¿Estaremos entonces cometiendo un asesinato o robosinato…? Si ya tienen derechos y deberes, su derecho a la vida, al igual que en el caso de nuestros primos los simios es el primero que habrá que respetar.

Mucha gente se acuerda llegados a este punto de lo que nuestra amiga la ventana nos ha estado sirviendo durante años por medio de novelas, películas, series, documentales y un largo etcétera acerca de la Inteligencia Artificial. Sin ir más lejos la nueva versión de Blade Runner que acaba de asomar al cine. Y también mucha gente se acuerda de las famosas tres leyes de la robótica que Isaac Asimov propuso allá por 1942 y que son éstas:

  1. Un robot no hará daño a un ser humano ni permitirá que, por inacción, éste sufra daño.
  2. Un robot obedecerá las órdenes que reciba de un ser humano, a no ser que las órdenes entren en conflicto con la primera ley.
  3. Un robot protegerá su existencia en la medida que no entre en conflicto con las dos primeras leyes.

Y se quedó tan ancho. Como si las Inteligencias Artificiales una vez creadas y conscientes de su propia existencia nos fuesen a hacer a nosotros caso.

Por ahora la normativa está encaminándose más bien a proteger los derechos de la industria y los consumidores y no mucho a los de los humanos como tal. Que si robo de información de programación de las I.A., que si espionaje industrial, que si daños y perjuicios por mal funcionamiento de las máquinas… etc. ¿Y quién se va a ocupar de legislar si la programación de las futuras I.A. serán mínimamente éticas, independientemente de que el trabajo que se les haya asignado tenga unos valores éticos? Es más, ¿entenderán lo que es la ética y la moral o estos conceptos son de propiedad exclusivamente humana? De momento, que nosotros sepamos, todavía no ha habido nadie que no sea humano con el que se haya podido discutir acerca del asunto. ¿Tampoco con nuestros primos los simios, aquellos tan parecidos a nosotros genéticamente…? No, tampoco con ellos.

Para los que vean estos argumentos como algo muy lejano en el futuro les vamos a poner dos ejemplos para que se conciencien de que el toro ya nos ha arrollado.

La empresa Cambridge Analytica puso en marcha en las últimas elecciones presidenciales de USA una I.A. que se instaló en las redes sociales y fue capaz de orientar el voto hacia el resultado que finalmente salió. Como os podéis imaginar todo esto fue financiado por Donald Trump. Esta I.A. es experta en bots, noticias falsas y micromárketing. La innovación que esta empresa ha implementado ha sido la de unir los test de psicología con la informática, y así, por medio de las redes sociales, servir a los votantes, noticias a la carta. Primero prueba con una noticia y estudia las reacciones que causa por medio de los “me gusta”. En base a eso va proporcionando otra serie de noticias y publicidad para ir redirigiendo tu opinión según lo que tu personalidad le indica. Así que la próxima vez que des al “me gusta” en una publicación de algún tema, sobre todo político, te quedará el resquemor de la duda al pensar que detrás de ese perfil está una I.A. y no un ser humano.

La primera I.A. que ha conseguido el estatus de ciudadano, que desde nuestro punto de vista es asimilable al de persona, ha sido Sophía en Arabia Saudí. SofíaEsta noticia tan trascendental ha pasado bastante desapercibida para la opinión pública que se la ha tomado como una mera curiosidad o ha arrancado un montón de quejas por parte de las mujeres que denuncian que ahora un robot tiene más derechos que ellas en aquel país. ¿No resulta irónico que el robot al que se ha concedido el estatus de persona esté representado por la voz y la fisionomía de una mujer?

Para Más de Misterio lo realmente importante de esta actuación de la ventana de Overton está en la prisa que se han dado en personificar a este robot, a todas luces incompleto y tosco. ¿Es para que lo aceptemos más fácilmente y no nos provoque temor por la competencia que reflejaría si tuviese una estructura completamente humana? ¿Es para desdibujar más aún más el concepto de persona vinculado al ser humano y traspasar la siguiente frontera después de haberlo conseguido ya con los simios? Nos queda claro que este estatus de cuidadano ha sido concedido a un robot con forma humana para que nos resulte fácil la asimilación, ya que si le hubiesen dado el estatus de persona a una I.A. con forma de ordenador se nos hubiesen roto los esquemas y habría sido rechazado al no ser reconocible por su forma como una persona.

En este tema quedan muchas consideraciones por hacer acerca del transhumanismo y de sus implicaciones ya que una vez que la I.A. llegue a su singularidad, como a muchos autores les gusta llamar, o sea, que sea consciente de sí misma, ¿qué será de los humanos si nos hibridamos con ella y perdemos nuestra propia consciencia como individuo humano? ¿Ya no seremos humanos?

Pero, vayámonos incluso un poco más lejos. ¿Y si traspasásemos el umbral de la Tierra?

3.- EXTRATERRESTRES o ¿PERSONAS EXTRATERRESTRES?: Ya se han planteado varios juristas si se podría aplicar también el término “persona” a los extraterrestres, considerando que los mismos tuviesen una inteligencia y una ética equiparables a las de los humanos.

Parecerá esto una exageración o más que nada un tema curioso, pero vamos a hacer una pregunta. Si se presenta un día un extraterrestre sobre la Tierra y aún no se ha legislado nada al respecto, ¿qué le impedirá al primero que lo encuentre considerarlo una etpropiedad suya o adoptarlo como mascota? Por muy inteligente que sea si no es “persona” se le puede considerar una cosa, con lo que podría perfectamente uno hacerse propietario de ese extraterrestre, del mismo modo que ahora somos propietarios de perros o gatos. ¿No sería curioso? Otro tema es que el E.T. se dejase hacer, claro.

¿Y si resulta que es el extraterrestre el que ya ha legislado sobre nosotros en su propio planeta al considerarnos sujetos de derechos y obligaciones, tal y como hacemos nosotros con los simios? ¿Admitiríamos estas leyes que ya han creado al considerarnos seres inteligentes, llegado el caso? Por cierto, ¿se ha tomado alguien la molestia de preguntarles a los simios si quieren que legislemos para ellos?

CONCLUSIONES

Una de las razones que se nos alcanza para que a día de hoy se esté comenzando a manipular el concepto de persona es para vaciarlo de su contenido de individuo humano y así poder rellenarlo con cualquier cosa que no refleje humanidad, como los ejemplos arriba citados.

Pero podíamos ir un poco más allá, ¿qué nos impide meter en el saco “persona” a algún ente con capacidad cognitiva distinta de la nuestra como sería el caso de los fantasmas? O por ejemplo, una vez desvinculado el concepto persona del ser humano, podríamos echar mano de la tan temida eugenesia al ser el hombre la competencia directa de los animales por el espacio y el medio ambiente o la experimentación con fetos humanos para conseguir hibridar la tecnología con el hombre, o ¿por qué no admitir en este estatus diferentes gradaciones de personas?

Ponemos un ejemplo: Si ya ser persona no quiere decir ser humano, podemos inventarnos algún tipo de carné para especificar el grado de persona que soy y, por qué no, admitir de nuevo algún tipo de esclavitud, sin pudor ninguno, ya que este nuevo concepto de persona no tiene en cuenta en ningún momento la dignidad del ser humano, palabra ésta que, aunque ligada a la religión, no deja de ser menos cierta y que nos confiere una característica innata que nos impide ser una cosa o un animal. Si nos despojamos alegremente de nuestra dignidad tiene cabida cualquier cosa no humana en nuestro comportamiento, como por ejemplo el de hibridarnos con la tecnología y la inteligencia artificial y así desvincular al hombre de su esencia humana y conseguir por fin, mediante la nueva religión tecnológica conducida por la Nueva Era, que la especie humana se transforme en “otra cosa” desprovista de espíritu.

 

BIBLIOGRAFÍA

 

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